
Llegamos hoy en el itinerario bíblico que vamos recorriendo a los pies de la montaña, donde juntos a los discípulos nos pondremos también nosotros, a los pies del Maestro para escuchar su palabra. Este será el primero de los cinco discursos que son como las columnas que sostienen todo la obra del Evangelio de Mateo. Con la subida de Cristo al monte, vemos a ese nuevo Moisés, que sentado en el nuevo Sinaí, nos ofrece la definitivas palabras de Dios. Y los primeros destinatarios son precisamente los “pobres en espíritu”, una expresión bíblica para indicar a quien tiene el corazón, la conciencia y su interior más profundamente “pobre”. Este término une las tres lecturas de este domingo. La figura del “pobre” en la Biblia tiene varios significados. El término original hebreo ‘anawin’ indica a los que están encorvados, es decir, oprimidos por los gobernantes poderosos, víctimas indefensas que eran la gran mayoría de la población. Pero esta definición es incompleta. Los “anawin” son también los temerosos de Dios, los mansos, los humildes. A éstos se refiere Mateo, al llamarlos “pobres de espíritu”.Jesús para ellos y la gran categoría de los justos para Dios, su Padre, usará el maravilloso término de: “Bienaventurados”. La bienaventuranza fue una forma literaria usada por el Antiguo Testamento para celebrar la felicidad del justo que confía su vida al camino indicado por Dios y no se deja seducir por el encanto perverso del mal. Éste termino resuena 26 veces en los Salmos y 31 veces en el resto del Antiguo Testamento. El término para nuestra real situación revindica la esperanza que Dios hoy y siempre hará justicia a los pobres de la tierra, a los sufridos víctimas de la violencia enajenante de los orgullosos y poderosos de la tierra. Dios no se olvidará de los que han sido pisoteados por otros que se han creído superiores a los demás y les hará justicia, en esta vida y sobre todo en la vida del cielo, donde la bienaventuranza será consumada de manera plena, revestida de consuelo, saciedad, herencia definitiva que lleva al gozo perfecto e imperecedero.
Propósito para la semana: Meditá a profundidad este mensaje de Jesús y sacaré mis propias conclusiones.