
Con la liturgia de la Palabra de Dios de este domingo, se retoma de manera solemne la llegada de la luz a un pueblo que caminaba en tinieblas, como lo señala la primera lectura (Is 8,23; 9,2), pero no recién nacida sino hecha ya adulta: “Paseando Jesús junto al lago de Galilea…”. Esa luz que profetiza Isaías, está ahora encarnada, hecha vida e historia nuestras, su nombre: Jesús de Nazaret. Para el Evangelista Mateo, Jesús ese desconocido hasta entonces es la figura del Mesías esperado, espléndida sorpresa de amor de Dios, para un pueblo sin esperanza. El símbolo de la luz, clásico en todas las regiones del mundo, para hablar de la divinidad, señala la iniciativa de Dios que rompe su aislamiento y se dirige al hombre, lo envuelve y lo involucra en su luz, en su vida. Es clarísimo que para la Biblia, el interés primario de ella es manifestar que es Dios quien primero se interesa por nosotros, antes que nosotros nos interesemos por Él. Así lo manifiesta el propio evangelista al poner junto a este lago de Galilea, el escenario de la llamada de los primeros discípulos. Jesús viene con conocimiento de causa a elegir a estos humildes pescadores de la Galilea. En la tradición judía eran los alumnos que elegían a su rabí-maestro, Jesús cambia novedosamente el método, al llamar a través del imperativo: “Sígueme”. Y, ellos ante la irrupción de Dios en su historia personal, dejan caer las redes y se embarcan en una aventura mucho más misteriosa de que vivían sobre aquel lago a menudo infiel pero también rico de peces. Jesús pasa y hace un llamado que es casi una orden. Y, este es el inicio de la maravillosa historia de un grupo de Doce elegidos, que serán llamados “apóstoles”, es decir, “enviados”. En la última noche de su vida terrena, en el Cenáculo, Jesús recordará a sus discípulos: “No me habéis elegido vosotros, sino yo os he elegido”. Ellos no pueden olvidar, tan importante constatación, la llamada es iniciativa del Señor, nadie puede arrogarse tan misteriosa elección. En cada llamada hay un don de gracia y un amor de predilección.
Propósito para la semana: Meditar sobre la mejor atención y escucha de la Palabra en cada santa Misa que asistimos.